martes, 12 de agosto de 2025

Reseña: Rata Blanca: XXXV años de Magos, espadas y rosas y la reconquista de Bogotá

 Desde su debut en Cali en 1992, Colombia se ha convertido en una parada obligada de todas las giras latinoamericanas de Rata Blanca. Su éxito en el país ha sido tal que solo en Bogotá se cuentan 34 presentaciones, y es de las pocas bandas de metal que puede permitirse realizar giras por varias ciudades sin temor a sufrir pérdidas. Tanto así que los fans damos por sentada la presencia de Rata Blanca en Colombia cada vez que anuncian una gira por Latinoamérica. Menos de un año después de su último concierto en Bogotá, la cita sería el 7 de agosto en el Royal Center, en la gira del trigésimo quinto aniversario del legendario Magos, espadas y rosas, con el llamativo detalle de haber conseguido agotar toda la boletería con más de dos meses de antelación, algo que muchas bandas con más prestigio y renombre mundial logran con dificultad o simplemente no consiguen con un público tan esquivo y exigente como el metalero bogotano. 

La noche llegó al Royal Center. Entre los asistentes que pude observar me llamó gratamente la atención ver que la audiencia de Rata Blanca sigue siendo heterogénea: desde veteranos que seguramente llevan escuchándolos desde los tiempos de las casetas de música pirata de la 19 hasta adolescentes que hoy, como ayer, se introducen al mundo del rock y el metal de la mano de sus letras y melodías. Esto refrenda el innegable hecho de que la banda de Bajo Flores es una institución del metal cantado en español, y que su vigencia está garantizada tanto hoy como en 1990. 

La fría y lluviosa espera en una fila de más de dos cuadras se agravó con una requisa lenta, justificada —según la logística— por los desmanes ocurridos el día anterior en un concierto de Damas Gratis. La comparación resultaba absurda: lo único que ambas bandas comparten es el origen argentino, pero parece más fácil aplicar mano dura a un público maduro y tranquilo, todavía marcado por prejuicios contra el metal. 

El concierto, previsto para las 9:00 p.m. y sin telonero, comenzó a retrasarse sin explicaciones claras. A las 9:45, el anuncio de un retraso adicional por problemas de vuelo desde Cali llegó demasiado tarde para un público ya mojado, cansado y con compromisos al día siguiente. La organización no podía evitar el contratiempo, pero sí haberlo comunicado antes.  

Finalmente, sobre las 11:10 p.m., las luces del escenario se apagaron y Walter Giardino, Adrián Barilari, Danilo Moschen, Juan Pablo Massanisso y Alan Fritzler salieron a escena con Hijos de la tempestad, uno de sus temas más recientes y, en mi opinión, sin la energía suficiente para abrir un concierto. Sin embargo, la ejecución de Rata Blanca es siempre impecable. Además, contaban con un juego de luces LED y una pantalla de alta definición al fondo, donde se proyectaban imágenes acordes a cada canción, algo de lo mejor que he visto en eventos este año. Poco a poco, el arranque fue borrando el amargor de la espera. Y quien sigue a Rata Blanca sabe que sus conciertos no terminan de empezar hasta que suena Solo para amarte, así que las primeras notas del inconfundible intro de esta joya de su primer trabajo terminaron de encender los ánimos. Durante toda la canción, el público bogotano coreó intro, letra y pasajes instrumentales como si fuera la primera vez que la escuchaba en directo. 



Tras estas dos canciones, Barilari tomó el micrófono y, por encima de todo, ofreció disculpas por el retraso, dando explicaciones que para ese momento resultaban innecesarias, y prometió compensar la espera con rock and roll. Acto seguido, sonó la intro de Volviendo a casa, y nuevamente las voces de los 4.500 asistentes fueron un coro de inicio a fin con este tema de El camino del fuego, que este año cumple 23 años. 

Rata Blanca maneja un setlist base durante sus giras que contempla gran parte de su discografía: los grandes éxitos que siempre funcionan en vivo. Quienes los hemos visto varias veces lo sabemos y aceptamos que difícilmente habrá sorpresas. Sin embargo, para mí, que los veía por cuarta vez, fue una grata sorpresa escuchar por primera vez en vivo El sueño de la gitana, poderosa joya de su primer álbum, que siempre había añorado oír en la voz de Barilari. El sueño, por fin, se me hizo realidad. 

Barilari volvió a tomar la palabra para desear un feliz cumpleaños a Bogotá, resaltando la importancia de la ciudad para la banda y lo honrados que se sentían de verla llena una vez más. Acto seguido, Alan Fritzler marcó con su batería el inicio de El beso de la bruja. En consonancia con el motivo de la gira, los fans de Magos, espadas y rosas no pudimos estar más felices con este tema tan enérgico e infravalorado frente a los dos singles que lanzaron a la banda al estrellato. 

Tras esa contundencia, Giardino tocó un solo que fue bajando de intensidad hasta enlazar con el punteo de Talismán, quizá el clásico más reciente, perteneciente a El reino olvidado, que el público bogotano sintió de inicio a fin. Luego vino Rock es rock! (lanzada apenas hace un año), que aumentó la energía tras la emotividad de la balada, para retomar la contundencia con El círculo de fuego, también de El reino olvidado, una muestra de la destreza de Giardino con punteos memorables y el toque neoclásico que caracteriza ese álbum. 

Después, Giardino cambió su famosa Fender Stratocaster por una Telecaster blanca y ejecutó un solo pausado junto a Moschen, con un fondo melódico que derivó en un arpegio con el que conectó Ella, la balada de su álbum VII, que suele ser cantada por el público más que por Barilari. Esta vez no fue la excepción: muchos, incluso sin voz, la entonamos de principio a fin. Retomando Magos, espadas y rosas, siguieron Días duros y El camino del sol, ambas primicias para mí y verdaderas joyas que deberían aparecer más seguido. 

Llegó entonces el saludo de Giardino, quien, al igual que Barilari, ofreció disculpas por la espera, agradeció el aguante y reiteró el amor de la banda por Colombia, afirmando que Bogotá es también su casa. Cerró diciendo: “Esta canción es de ustedes” para dar inicio a Mujer amante, responsable quizá de introducir a muchos al mundo de Rata Blanca y del metal, canción que adolescentes han dedicado (o piensan dedicar) y que para muchos adultos evoca la nostalgia de los primeros días, tanto en el metal como en el amor. Como era de esperarse, el público bogotano la cantó a una sola voz. Sin pausa, siguió Guerrero del arco iris, recordándonos que Magos, espadas y rosas fue solo el inicio de una historia escrita con virtuosismo, letras profundas, voces potentes y profesionalismo. Tras estos dos temas, las luces se apagaron para el tradicional encore. 

Tras dos minutos de receso, la banda volvió para interpretar Rock and Roll hotel —la verdadera sorpresa de la noche—, de su último álbum Tormenta eléctrica (ya con 10 años). Aunque no es de mis favoritos, fue una elección acertada para ir cerrando con buen ambiente tras casi dos horas de show. Luego, Giardino atacó el riff inconfundible de Aún estás en mis sueños, joya de La llave de la puerta secreta e infaltable en sus presentaciones. 

Rata Blanca oficial


Finalmente, ya a la una de la madrugada, llegó La leyenda del hada y el mago. Los primeros versos fueron cantados por el público antes de que Barilari, con su característica voz potente, tomara el relevo. Giardino interpretó a la perfección su solo más famoso, cerrando así una presentación inolvidable que hizo que las dos horas de espera valieran la pena y que la lluvia y el día laboral que llegaría sólo unas horas después dejaran de importar. 

Así terminó una presentación más de Rata Blanca en Bogotá, quizás la mejor de los últimos años, de una banda que una vez más lo dio todo en el escenario y compensó con su actuación cada contratiempo extramusical que intentó amargar la noche del 7 de agosto. 

El sonido, las luces, la puesta en escena, el virtuosismo de Walter Giardino, el talento de Adrián Barilari, un setlist sorprendente y un público inmejorable terminaron triunfando. Fue un concierto que quedará grabado en la memoria de 4.500 fans que, como muchos otros, salieron del Royal Center con ganas de más. Porque en cada presentación que Rata Blanca ofrece en Bogotá, tanto ellos como nosotros sentimos que, con su música, una vez más estamos volviendo a casa. 

martes, 5 de agosto de 2025

5 álbumes para amar el power metal

De todos los subgéneros del metal, sin duda alguna es el power metal el que más logra emocionarme y hacerme disfrutar de la música en general. Diría que casi un 70% de todo lo que escucho se enmarca dentro de este género tan completo y virtuoso. Desde baladas de amor o desamor, pasando por historias cotidianas, canciones cómicas, denuncias sociales, hasta batallas épicas entre caballeros y dragones: todo cabe en el universo del power metal. 

Hoy en día, escucharlo es tan sencillo como tener un dispositivo con conexión a internet y un par de audífonos. Pero no siempre fue así. No hace tanto, el acceso a la música era limitado —y más aún para un metalero—, así que los discos que se conseguían ya fueran prestados o pirateados, había que exprimirlos hasta el cansancio. 

Los primeros álbumes de power metal que llegaron a mis manos no fueron los legendarios Keeper of the Seven Keys Part II de Helloween, Visions de Stratovarius o Nightfall in Middle-Earth de Blind Guardian. Fueron otros discos —Algunos mucho menos célebres— pero que cumplieron su función: engancharme de lleno a un género que, a día de hoy, sigo disfrutando y explorando. Esta entrada es una manera de homenajearlos con una breve, pero sentida, reseña de cada uno. 

  1. HelloweenThe time of the Oath (1996): No se puede hablar de Power metal sin pensar en Helloween y su séptimo álbum es quizás el más recordado y querido por los fans de la etapa de Andi Deris como único vocalista.  


  2. Después de la crisis musical que sobrevino tras la partida de Kai Hansen y Michael Kiske, The time of the Oath consolidó la identidad renovada de la banda, ahora con un estilo contundente con el que Deris y Michael Weikath lograron que Helloween volviera a lo más alto del metal europeo.  


  3. Con canciones que hoy son clásicos de la banda como “Power y “Forever and One”, y otras más discretas, pero igual de disfrutables, como “Before the war o “Anything my mama don’t like”, no sería arriesgado decir que The Time of the Oath se codea con los dos Keeper of the Seven Keys en el podio de lo mejor de Helloween 


  4. Mi canción favorita: "A million to one". 





  1. StratovariusVisions of Europe (1998): Finalizando la década de los 90 Stratovarius estuvo en la cúspide del metal a nivel mundial, el talento compositivo de Timo Tolkki, Jens Johansson, la contundencia de Jorg Michael, junto con la poderosa e inconfundible voz de Timo Kotipelto hacían de Stratovarius la banda definitiva del power metal y este álbum en vivo grabado en Italia y Grecia durante la gira de Visions da cuenta del buen momento por el que estaban pasando.  


  2. Con ejecuciones que no le deben nada las versiones en estudio y el ambiente general —percibido desde la distancia— transmite una conexión auténtica entre los miembros de la banda y con el público.  


  3. La única debilidad que puedo señalar hoy, después de casi 20 años de haber escuchado este álbum por primera vez es que para ser un álbum en vivo el papel del público queda relegado, quizás destacando en “Forever, “Paradise” (La mejor versión de la canción que he escuchado) y “Holy Solos”. 


  4. Mi canción favorita: Paradise”. 





  1. Luca Turilli –King of the Nordic Twilight (1999): el power metal le debe a Luca Turilli más de lo que suele reconocérsele. Con su trabajo logró consolidar la épica lírica y los elementos del neoclásico que otras bandas venían explorando en álbumes previos Gracias a él —y a su estilo particular—, estos elementos terminaron convirtiéndose en señas de identidad del género, tanto para fanáticos como para críticos, e influyeron en muchas bandas que aún hoy consideran esencial el componente melódico y la narrativa fantástica. 


  2. King of the Nordic Twilight es la prueba de ello, un álbum conceptual que nos cuenta la historia de Atriel, un príncipe que busca apartarse de la maldad de su padre Saroth, un tirano cruel que somete al pueblo de Kalgor.  


  3. Musicalmente tiene todo lo que los fans del género disfrutamos: un vocalista con registros amplios como Olaf Hayer, temas veloces, melódicos y épicos como Legend of Steel, Black Dragon y The ancient forest of elves, arreglos orquestales que resaltan en canciones como “Princess Aurora” y “Warrior’s pride. Y, por supuesto, los solos de guitarra inconfundibles de Luca Turilli con su característico estilo neoclásico, que encajan perfectamente con los escenarios narrados y la épica de la historia.  


  4. La joya del álbum: “Kings of the Nordic Twilight una pieza de 11 minutos que reúne todo lo anterior en una canción inmejorable que cierra con broche de oro el primer capítulo de la trilogia “Virtual Odyssey”. 


  5. Mi canción favorita: "Legend of Steel 




 

  1. Avalanch –Llanto de un héroe (1999): imaginen lo que para un joven de 13 años suponía escuchar la epicidad lírica del power metal sin tener que echar mano del diccionario de inglés. Eso significó Llanto de un héroe para una generación de jóvenes hispanohablantes. Sin demeritar lo que musicalmente ofrecen álbumes previos en español como Perfecta creación de Easy Rider o Medieval de Tierra Santa, estamos frente al que en mi opinión es uno de los mejores –Si no el mejor álbumes de power metal en español. 


  2. Con canciones que son verdaderos himnos del metal español como Torquemada, Pelayo, Por mi libertad y Aquí estaré En este álbum Alberto Rionda y Víctor García demostraron que la historia puede ser legendaria y no es necesario crear mundos de fantasía para alcanzar la épica.  


  3. Desde el justo reclamo al Inquisidor Tomás de Torquemada, pasando por la resistencia de Pelayo frente a los musulmanes, la frustración de Rodrigo Díaz de Vivar tras ser desterrado por Alfonso VI hasta el amor que Jacques Cousteau sentía por el océano. Todo está perfectamente ambientado musicalmente y cantado de forma que no tiene nada que envidiarle a ninguna saga de fantasía escrita para el género. 


  4. Mi canción favorita: Aquí estaré 




 

  1. SabatonAttero Dominatus (2006): para cantar historias épicas no es necesario crear universos de fantasía, y eso lo tienen claro los integrantes de Sabaton, que dedican su trabajo musical a cantar las más grandes batallas de la historia de la humanidad a ritmo de Power metal.  


  2. Lo épico también contiene momentos crudos y muchas veces difíciles de contar, Sabaton deja de lado el toque neoclásico y la melodía excesiva para relatarnos el trágico ascenso del Nacionalsocialismo en Alemania, el extremismo en medio oriente o el genocidio bosnio. Las guerras de verdad son directas y crueles; no están adornadas. Sin embargo, Attero Dominatus no deja de sonar a power metal en ninguna de las nueve canciones: es un trabajo lleno de velocidad, energía y contundencia 


  3. Para un cierre menos agrio el álbum contiene Light in the black en homenaje a las fuerzas de paz internacionales que en medio de la guerra evitan la confrontación y buscan proteger civiles y salvar vidas inocentes, incluso a costa de sus propias vidas. Junto con la increíble Metal Crue, un homenaje muy creativo a los pilares del Heavy Metal con una de las letras más ingeniosas que he escuchado. 


  4. Mi canción favorita: Attero Dominatus. 





Estos cinco álbumes contienen todo lo que se puede esperar del Power metal en cuanto a música y lírica. No sólo consolidaron un gusto musical, sino que también forjaron una pasión y por qué no decirlo, una identidad. Desde la contundencia optimista de Helloween, pasando por la velocidad imposible de Stratovarius, la inconfundible voz de Víctor García, el talento compositivo de Luca Turilli y la pasión histórica de Sabaton estos álbumes contienen epicidad a manos llenas. Y sé que no fui la única persona que se sintió marcada por ellos. 

Esta entrada, escrita desde este modesto rincón de la internet que no es más que una excusa para hablar sobre la música que me apasiona sólo intenta homenajear el trabajo de estas bandas... y quizás en el futuro de muchas más. Si alguien llegó hasta aquí y recordó mejores épocas o descubrió algo nuevo o redescubrió estos artistas, entonces valió totalmente la pena haberme tomado el tiempo de reseñar estos grandes álbumes. 

Reseña: Rata Blanca: XXXV años de Magos, espadas y rosas y la reconquista de Bogotá

  Desde su debut en Cali en 1992, Colombia se ha convertido en una parada obligada de todas las giras latinoamericanas de Rata Blanca. Su éx...